2010

Hola, bienvenidos a esta trinchera, si es que hay alguien que viene...los fantasmas inexistentes y yo les damos la bienvenida. Un saludo y déjense sumergir en las entrañas...

martes, 25 de mayo de 2010

El Demonio que Arde (II)

Los sollozos de alguien, de un niño, de dos. Volvieron a construir la realidad de la que cobardemente escapaba. La mujer joven apareció de nuevo. Ahora respiraba, o no. No lo sabía.
En ese momento, me atrajeron más los sollozos que una mujer desnuda y golpeada en la cama.

Caminaba por un cuarto oscuro, descuidado, increíblemente sucio, hasta lama tenía. Esto no era lo más tétrico del asunto.
Los sollozos me condujeron hacia una frágil puerta de madera que al abrirla apareció ante mi temeroso cuerpo, un túnel sumergido en las tinieblas que parecía llevar hasta los mismos infiernos.
Tenté la pared y se hizo la luz, una luz amarillenta que expulsaba un viejo foco que sólo brindaba penumbra a la escalera infernal.
Di un paso y la escalera rechinó, di otro y el sonido se duplicó. Una atmósfera más tenebrosa no podía existir.

Al fin llegué hasta donde las escaleras bulliciosas terminaban.
Por una pequeña ventana, que estaba cubierta con periódico, se colaban algunos hilillos de luz.
Luz.
Y ahí estaban, un par de esqueléticos niños, amarrados. La escena era estremecedora. Sin embargo, algo que no sé cómo explicar exactamente, me ocurrió.
Lo intentaré. Fue como si en mi interior, en un oscuro rincón de mi ser, una llama ardiera con espeluznante perversión. Era algo que estaba ahí dentro, algo que me heló la sangre. Me dejó completamente abrumado.
Pero en mi corazón latía la piedad y el deseo de ayudar a esas pobres criaturas, y ese latido dominó a la llama perversa. La olvidé por completo y sin pensarlo más, tomé a los críos y los llevé arriba.
continuará...

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