2010

Hola, bienvenidos a esta trinchera, si es que hay alguien que viene...los fantasmas inexistentes y yo les damos la bienvenida. Un saludo y déjense sumergir en las entrañas...

viernes, 16 de enero de 2009

Paraje (Las Vasijas de los Tlaloques, parte III)

*LAS VASIJAS DE LOS TLALOQUES

Después de un largo camino de subida. Llegan lo suficientemente alto para ver todo el terreno.
Ves con desesperación y sorpresa que sólo hay cerros, a cualquier lado que voltees hay cerros desérticos, largos páramos sin final.

-No es posible. ¡Puta madre! No puede ser. La autopista debe estar ahí. ¡Ahí! ¿De dónde salieron todos esos cerros?

-MUJER- Esto no es real, tú no eres real, es una pesadilla…

-Pesadilla… esto es tan real como tus manos. ¿Sientes el sol hervir tus sesos?

-MUJER- No quiero sentirlo. No puede ser real. ¡Tú no lo eres!

La mujer golpea tu pecho. Tratas de detenerla, la sujetas y la detienes abrazándola fuertemente.

-Tranquila, tranquila. Algo de lógica debemos encontrar en esto.

-MUJER- Cógeme.

-¿Qué?

-MUJER- Penétrame, métemelo, chíngame. ¡Quiero sentir que eres real!

La mujer te arranca los botones de la camisa. Se levanta el vestido, no trae ropa interior.

-¡Espera! ¡Qué te pasa!

Trata de quitarte el cinturón.

-¡Estás…!

Le das una fuerte cachetada. La mujer cae al suelo, le sangra la nariz.

-¿Sentiste eso? Fue muy real ¿no?

La mujer se echa a llorar.
Te metes la mano a tu bolsa buscando tu celular. No lo encuentras.

-Te entiendo, esto es demasiado irreal para tragárnoslo. Pero lo estamos viviendo.

Escuchas voces, susurros, a lo lejos. Se van acercando, son letanías en una lengua extraña, hueles incienso. De pronto empieza a obscurecer, la luna brilla en todo su esplendor. Las estrellas iluminan. Una densa niebla empieza a rodear todo el lugar. Ves sombras, en fila. Caminando con lámparas de aceite.
Todo pasa tan rápido que quedas totalmente perplejo. Tu corazón palpita tan fuerte que parece que quiere salirse de tu pecho.
Las sombras se acercan a ti, dejan de cantar sus letanías. Se para frente a ti un Nahual, tiene cara de jaguar, brazos humanos. Trae puesta una tunica blanca, le llega a los tobillos, ves sus patas de jaguar.

-NAHUAL- Es sólo el camino. Ya llegarás a tu destino.

-¿Qué?

-NAHUAL- Nos has quitado tanto. Nos debes dar algo a cambio de tanto daño.

-Yo no…

-NAHUAL- Shh…Se acerca la lluvia, más vale que entren a la cueva.

Ves el resplandor de una fogata dentro de una cueva, cerca de donde estás.
Los nahuales desaparecen. La mujer está tirada en el suelo. Suenan truenos.

-Levántate. Vamos a la cueva, antes de que empiece a llover.

La mujer se levanta, te sigue. No tardan mucho en llegar a la cueva. Te sientas y te recargas en la pared. La mujer se queda en la entrada de la cueva, mirando el paisaje. Empieza a llover. A pesar de la escena que acabas de presenciar, una parte de ti permanece tranquila, como si todo esto fuera normal.

-¿Qué habrán sido esas cosas?

La mujer no responde. Pasan unos minutos. Suspiras hondamente.

-¿Cómo te llamas?

-MUJER- Tonantzin.

-Oh. ¿Y qué hacías por la vida?

-MUJER- ¿Eh?

-¿A qué te dedicabas? ¿De qué vivías?

-MUJER- Era música.

-¿Música? Wow. Yo siempre quise ser músico. Me encanta la música, sobre todo el rock & roll y el blues. Tocaba el bajo en una banda. Tocábamos pésimo. Nunca dimos un concierto. (Ríes) Soy…era, dueño de una empresa, gran empresa, de muebles. La más grande del país, seguramente has oído hablar de ella. Muebles Cortés. ¿Los conoces?

-MUJER- No.

Bostezas, estás cansadísimo.

-MUJER- ¿Sabes por qué se oye así, como truenos? Son los tlaloques, ayudantes de Tlaloc, rompen vasijas llenas de agua para que caiga en forma de lluvia. Están situados en los cuatro puntos cardinales.

Los parpados se te cierran.

-¿Eh? ¡Puta madre! Qué sueño… (Bostezas) De repente….me…dio…

Caes al suelo dormido.
La mujer se monta en ti, te quita la ropa, te hace el amor durante toda la noche.
Despiertas pensando que fue un sueño. Te levantas, sales de la cueva.
Estás en la autopista, tu mujer está dentro del carro, en los asientos de atrás tus hijos.
Te pones contentísimo. Te preparas para correr, te detiene la mujer.

-MUJER- No te escuchan. Tú no existes. No para ellos.

Ves a un hombre igual a ti, esta orinando, termina, se sube el cierre.

-¡No! ¡Aquí estoy! ¡Él no es yo!

Tu doble sube al auto, contento, besa a tu mujer, enciende el auto.
La mujer te da un golpe en la cara. Caes al suelo.

-MUJER- ¡Deja eso ya! Tenemos que seguir.

Te toma del brazo y te levanta. Volteas hacia donde estaba la carretera, no está, sólo hay árboles.

-¿Quién eres tú? No eres una mujer perdida, ¿verdad?

-MUJER- Sígueme.

Te zafas de ella bruscamente.

-¡No! ¿Qué eres tú? ¿Qué puta madre es todo este lugar?

-MUJER- Lo sabrás si me sigues. Anda, camina.

No te queda de otra. La sigues.

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