2010

Hola, bienvenidos a esta trinchera, si es que hay alguien que viene...los fantasmas inexistentes y yo les damos la bienvenida. Un saludo y déjense sumergir en las entrañas...

martes, 13 de enero de 2009

Paraje (La Antesala del Infierno, parte II)

*LA ANTESALA DEL INFIERNO

Caminas, o mejor dicho, la mujer hace que camines. Corre llevándote del brazo. Estás agitado, cansado. Caminaste mucho, entre arbustos y plantas. Tienes algunas rasgaduras en la ropa y en la piel. Estás perdido como en un bosque, lleno de plantas, sientes que te asfixias.

-MUJER- Debería estar aquí.

Agitado y apoyando tus manos en tus rodillas, inclinado, respondes:

-Lo único que veo son ramas secas y espinas. Estoy hecho una mierda. Con razón estás así de…

-MUJER- Fuimos en línea recta. Aquí debería estar…o más atrás. ¡Tal vez lo pasamos!

-Tal vez...(Jadeas) ¡debamos regresar! Mi familia me espera.

-MUJER- ¡No! ¿Sabes qué? Ellos se lo llevaron.

-¿Ellos? La policía, ¿paramédicos?

-MUJER- ¡No! Los hombrecitos.

-¿Hombrecitos?

-MUJER- Parecían unos demonios, pequeñitos.

-¿Chaneques? ¿Duendes? Me estás asustando. Mejor me voy, allá tú si te quedas.

Te das la vuelta y avanzas hacia el camino por el que llegaste. La mujer se te avienta y te sujeta de los hombros.

-MUJER- No, no me dejes aquí.

-OK, OK. Vamos hacia la autopista y esperamos a que alguien pase para pedirle ayuda. Quizá mi mujer ya llamó a emergencias.

-MUJER- Pero mi nov…

Caminas.

-Yo seguiré caminando, depende de ti si me sigues.


La mujer te sigue. Los dos caminan, entre los cientos de plantas y ramas secas. Conforme caminas se hace mas difícil seguir andando. Cada vez hay más ramas, más espinas. Confundido, te detienes.

-Nos desviamos, el camino no estaba así.

-MUJER- Pero, sólo hemos caminado en línea recta.

-Ya sé, ya sé. Pero tal vez… ¡esto no estaba!

-MUJER- No puede ser que nos hayamos perdido. Caminamos en línea…

-¡Deja de decir eso! ¡Ya sé cómo caminamos! No tienes que repetirlo. Sólo ponte a buscar el maldito camino por el que venimos.

La mujer se aleja de ti, camina buscando el camino. Te pones en cuclillas, te pasas las manos por el cabello y respiras profundamente.

-MUJER- ¡Mira! ¡Aquí! ¡Es por aquí!

Te levantas rápidamente. La mujer corre hacia el camino. Corres tú también, la sigues.
Es como un túnel hecho de plantas. Sigues corriendo tras la mujer.

-No recuerdo esto. Esto no estaba…

De pronto el túnel termina. Hay un precipicio, la mujer cae por él.
Tú tratas de detenerte, pero el terreno esta lleno de tierra y piedras, te resbalas y caes también.
Estuviste inconsciente unas horas. Despiertas boca abajo, toses, tragaste mucha tierra, te arde el cuerpo, te duelen los huesos. Te levantas lentamente hasta quedarte sentado.
Buscas con la mirada a la mujer, no ves nada, sólo un paraje desértico lleno de cerros. Alzas tu mirada para ver el precipicio del cual caíste. Es enorme, te duele la cabeza. Piensas en cómo pudiste haber sobrevivido a tal caída. No encuentras respuesta.
Aunque todo se vea tan surrealista, es a la vez tan real. Las heridas, la mujer, la caída.
A lo lejos ves una silueta, tambaleándose. El sol intenso hace ver la silueta como un espejismo. Pones tus manos en tu frente, para hacer sombra a tus ojos. Ves a la mujer. Te levantas y caminas hacia ella.
La mujer se desploma en el suelo. Aceleras el paso.
Llegas con la mujer, te hincas para estar más cerca de ella. La mueves para ver si está consciente.

-¡Despierta! ¿Qué pasa aquí?

La mujer tose, recobra el conocimiento.

-MUJER- Mi, mi novio, está…

-¿Está aquí? ¿Dónde?

-MUJER- A…allá…

Señala el lugar, ves un cuerpo tirado, no muy lejos. Te levantas.

-Espera.

Corres hacia el cuerpo.
Llegas a él. Tiene un hueco en el estomago, tiene las tripas y demás órganos fuera. Su cuerpo y parte del suelo están manchados de sangre seca.
Zopilotes vuelan arriba de él. El olor es insoportable, se te revuelve el estomago, te tapas la nariz y te alejas.
La mujer está hincada, llorando.

-¿Quién lo hizo?

-MUJER- ¡Ya te dije!

-¿Los demonios pequeñitos? Deben ser campesinos de por aquí. Gente enferma.

-MUJER- ¡No! Eran como unos demonios.

-Sí, demonios.

Te acercas a ella y le das unas palmadas en la espalda, para tratar de tranquilizarla. La mujer sigue llorando.
Recorres el lugar con la vista, te quedas mirando un cerro, no se encuentra muy lejos.

-Hay que subir a ese cerro, no hasta la cima, para poder ver donde está la carretera. Supongo que se debe ver. No hemos caminado mucho.

La mujer se seca las lágrimas. Solloza, respira profundamente y se levanta.

-MUJER- Sí, hay que seguir.

La mujer camina.
Te quedas de pie, mirándola.
La sigues.

1 comentario:

Anónimo dijo...

ya te dijee q soy tu fan, siempre es gratificante saber q tienes talento, me gusta lo q escribes Fernando Rangel!