PARAJE
Era treinta y uno de diciembre, regresábamos de Cuernavaca, queríamos llegar a tiempo para cenar con la familia en Acapulco. Aproximadamente eran las cinco de la tarde, el sol radiante iluminaba y cegaba a los conductores, siendo así, casi imposible manejar.
Ahora imagina cómo pasó esto, imagina como si tú hubieras estado ahí, en tiempo real.
Era treinta y uno de diciembre, regresábamos de Cuernavaca, queríamos llegar a tiempo para cenar con la familia en Acapulco. Aproximadamente eran las cinco de la tarde, el sol radiante iluminaba y cegaba a los conductores, siendo así, casi imposible manejar.
Ahora imagina cómo pasó esto, imagina como si tú hubieras estado ahí, en tiempo real.
*EL CAMINO
Vas en la autopista de Cuernavaca hacia Acapulco, a una velocidad de 120 Km/h. Tienes un hijo de trece años y una niña de dos. Tu esposa va dormida con los pies arriba del tablero. Tienes cansancio, un cansancio pesado, los ojos no se te cierran pero aun así estás exhausto, los rayos del sol iluminan tu rostro, su fulgor limita tu visión. Tu hijo no deja de jugar su videojuego portátil. Tu niña va dormida, su cabeza usa como almohada las piernas de tu hijo. Escuchas música, algo de Pink Floyd, del disco The Piper At The Gates Of Down, la canción que toca de pronto suena rayada, te encabronas, pues te acaban de regalar el disco en Navidad, es la edición de tres discos, de colección. Recuerdas el momento en el que te peleaste con tu esposa y el disco se cayó y el estuche se rompió, el CD salió volando y ahí, seguramente, se rayó.
Presionas la tecla en el estéreo para sacar el disco, tal vez pongas algo de Black Sabbath o algo de Caifanes. A pesar de que creías que iba a haber muchos carros en la autopista, está vacía. Estás entre un montón de cerros, enormes cerros, enormes parajes llenos de árboles, matorrales y plantas.
Muy a lo lejos, ves en medio de la carretera una persona agitando las manos desesperadamente. Bajas bruscamente la velocidad. Tu mujer despierta, a tu hijo se le cae el videojuego, tu hija cae debajo del asiento trasero, el CD que tienes en la mano queda echo añicos por la maniobra que haces. Frenas, las llantas rechinan, tu carro se mueve como una culebra. Quedas frente a la persona, es una mujer, sucia, con manchas de sangre seca, despeinada, tiene un vestido blanco de manta manchado de tierra y con algunas rasgaduras.
-MUJER- ¡Ayuda! ¡Ayuda!
Todos están exaltados, tú bajas del auto rápidamente. La mujer se acerca a ti gritando, llorando, en la desesperación total.
-MUJER- ¡Allá! Mi esposo…unos hombres, demonios, a mí, comieron, tripas…
Sujetas a la mujer y la zarandeas para que se calme.
-¡Tranquila!, ¿Quiere tranquilizarse? No entiendo nada de lo que dice.
Tu mujer baja del auto. Tu hijo abre la puerta. Tu esposa lo regaña, le dice que se meta.
-ESPOSA- ¿Está bien?
-MUJER- ¡No! No entienden, no hay tiempo…mi esp…
Regresas a ver la autopista, estás en medio de ella.
-Mi amor, ¿quieres mover el carro? Estamos en medio de la carretera.
Tu mujer asiente y se sube al asiento de conductor. La mujer te toma del brazo y te jala hacia los matorrales, hacia los cerros.
-¡Espere! ¡Espere!
-MUJER- No hay tiempo…
-¿Su esposo? Dijo algo sobre él, ¿no? Tuvieron un accidente, supongo.
-MUJER- ¡Sí!
-Bien, llamemos a una ambulancia, espero que haya señal.
Sacas tu celular, por suerte hay señal. Marcas a emergencias. Tienes guardado el contacto pues has tenido alguna que otra emergencia en tus anteriores viajes.
La llamada no entra, como si no hubiera señal.
Tu mujer ya se ha estacionado. Baja del auto y ordena a los niños que se queden ahí.
-¿Tienes señal nena?
-ESPOSA- Sí, deja marco.
La mujer, desesperada, nuevamente te toma del brazo.
-MUJER- No hay tiempo, vamos acompáñeme, es aquí cerca.
Tu esposa cuelga el celular, estás dispuesto a acompañar a la mujer.
-ESPOSA- No entiendo que pasa, si tengo señal, pero no entran las llamadas.
-Voy a acompañar a la mujer, traeremos a su esposo y veremos que hacemos.
-ESPOSA- ¿Vamos a quedarnos aquí solos?
Tu hijo se baja del auto.
-HIJO- Te acompaño papá.
-ESPOSA- De ninguna manera, te dije que te quedaras adentro.
-Debes quedarte a cuidar a tu madre.
-MUJER- Está cerca, sólo tenemos que sacarlo acá, donde alguien nos vea.
-No tardamos, de verdad, tranquilos.
-HIJO- Quiero ir.
-ESPOSA- Sube al carro, inmediatamente.
Tu hijo sube al auto, algo decepcionado. Tu hija mira por la ventana.
-Si pasa alguien, pides ayuda.
-ESPOSA- Sí, claro.
Odias su sarcasmo. A veces la odias toda. La mujer no te ha soltado del brazo, así que te jala de él y te lleva entre los árboles, arbustos y matorrales, hacía los cerros.
Vas en la autopista de Cuernavaca hacia Acapulco, a una velocidad de 120 Km/h. Tienes un hijo de trece años y una niña de dos. Tu esposa va dormida con los pies arriba del tablero. Tienes cansancio, un cansancio pesado, los ojos no se te cierran pero aun así estás exhausto, los rayos del sol iluminan tu rostro, su fulgor limita tu visión. Tu hijo no deja de jugar su videojuego portátil. Tu niña va dormida, su cabeza usa como almohada las piernas de tu hijo. Escuchas música, algo de Pink Floyd, del disco The Piper At The Gates Of Down, la canción que toca de pronto suena rayada, te encabronas, pues te acaban de regalar el disco en Navidad, es la edición de tres discos, de colección. Recuerdas el momento en el que te peleaste con tu esposa y el disco se cayó y el estuche se rompió, el CD salió volando y ahí, seguramente, se rayó.
Presionas la tecla en el estéreo para sacar el disco, tal vez pongas algo de Black Sabbath o algo de Caifanes. A pesar de que creías que iba a haber muchos carros en la autopista, está vacía. Estás entre un montón de cerros, enormes cerros, enormes parajes llenos de árboles, matorrales y plantas.
Muy a lo lejos, ves en medio de la carretera una persona agitando las manos desesperadamente. Bajas bruscamente la velocidad. Tu mujer despierta, a tu hijo se le cae el videojuego, tu hija cae debajo del asiento trasero, el CD que tienes en la mano queda echo añicos por la maniobra que haces. Frenas, las llantas rechinan, tu carro se mueve como una culebra. Quedas frente a la persona, es una mujer, sucia, con manchas de sangre seca, despeinada, tiene un vestido blanco de manta manchado de tierra y con algunas rasgaduras.
-MUJER- ¡Ayuda! ¡Ayuda!
Todos están exaltados, tú bajas del auto rápidamente. La mujer se acerca a ti gritando, llorando, en la desesperación total.
-MUJER- ¡Allá! Mi esposo…unos hombres, demonios, a mí, comieron, tripas…
Sujetas a la mujer y la zarandeas para que se calme.
-¡Tranquila!, ¿Quiere tranquilizarse? No entiendo nada de lo que dice.
Tu mujer baja del auto. Tu hijo abre la puerta. Tu esposa lo regaña, le dice que se meta.
-ESPOSA- ¿Está bien?
-MUJER- ¡No! No entienden, no hay tiempo…mi esp…
Regresas a ver la autopista, estás en medio de ella.
-Mi amor, ¿quieres mover el carro? Estamos en medio de la carretera.
Tu mujer asiente y se sube al asiento de conductor. La mujer te toma del brazo y te jala hacia los matorrales, hacia los cerros.
-¡Espere! ¡Espere!
-MUJER- No hay tiempo…
-¿Su esposo? Dijo algo sobre él, ¿no? Tuvieron un accidente, supongo.
-MUJER- ¡Sí!
-Bien, llamemos a una ambulancia, espero que haya señal.
Sacas tu celular, por suerte hay señal. Marcas a emergencias. Tienes guardado el contacto pues has tenido alguna que otra emergencia en tus anteriores viajes.
La llamada no entra, como si no hubiera señal.
Tu mujer ya se ha estacionado. Baja del auto y ordena a los niños que se queden ahí.
-¿Tienes señal nena?
-ESPOSA- Sí, deja marco.
La mujer, desesperada, nuevamente te toma del brazo.
-MUJER- No hay tiempo, vamos acompáñeme, es aquí cerca.
Tu esposa cuelga el celular, estás dispuesto a acompañar a la mujer.
-ESPOSA- No entiendo que pasa, si tengo señal, pero no entran las llamadas.
-Voy a acompañar a la mujer, traeremos a su esposo y veremos que hacemos.
-ESPOSA- ¿Vamos a quedarnos aquí solos?
Tu hijo se baja del auto.
-HIJO- Te acompaño papá.
-ESPOSA- De ninguna manera, te dije que te quedaras adentro.
-Debes quedarte a cuidar a tu madre.
-MUJER- Está cerca, sólo tenemos que sacarlo acá, donde alguien nos vea.
-No tardamos, de verdad, tranquilos.
-HIJO- Quiero ir.
-ESPOSA- Sube al carro, inmediatamente.
Tu hijo sube al auto, algo decepcionado. Tu hija mira por la ventana.
-Si pasa alguien, pides ayuda.
-ESPOSA- Sí, claro.
Odias su sarcasmo. A veces la odias toda. La mujer no te ha soltado del brazo, así que te jala de él y te lleva entre los árboles, arbustos y matorrales, hacía los cerros.

"El camino". Primera parte de el cuento titulado "Paraje", posteriormente iré poniendo las demás partes.
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