Hola. Tercer volumen.
Salu3. Jer.
¿QUÉ ES LO QUE ARDE DEBAJO? (VOL.III)
Trece años en esta pocilga, me olvidé por supuesto de lo que era vivir en mi lujosa mansión. Me acostumbré al petate nejo que me dieron como cama, me acostumbré a dormir junto a las ratas, los animales, no los rateros. Nuca soporté a los rateros, son los peores pordioseros del mundo. Bueno, les decía, hoy salí y me vestí con mi ropa elegante, me detuvieron saliendo de una fiesta, -putos azules- ja, todavía lo recuerdo y esta ropa que traigo puesta, es la única ropa que me queda. Hasta me da comezón esta ropa tan fina. Me acostumbré a la de la cárcel.
Me gusta mi sombrero, un buen sombrero gángster, cuando la luz ilumina mi rostro, la sombra del sombrero oscurece mi cara, me agrada.
No puedo creer que haya malgastado mi vida encerrado. Lo tenía todo, los hijos de papi de Lucrópolis tenían su coca, su heroína. Maldita suciedad hipócrita, me encerraron por ofrecerles algo que les encanta, algo que los tiene encerrados como locos en esos estupidos centros de integración. Pendejos, no estuvieran ahí si me tuvieran a mí.
Hubiera preferido quedarme adentro, ya me había acostumbrado a su olor, a su comida de cucarachas. Después de lo que voy a hacer no tendré rumbo fijo, no sé qué será de mí. No soy nada sin mi negocio. Ya no soy Rodrigo El Papa, no más. Solo soy Roy como me puso ese pinche Pirata, cabrón mal nacido.
Cómo ha crecido el pueblo, en trece años ya casi es ciudad, tenemos casas, cancha, unidades habitacionales, un hospital hediondo, hasta una sala de conciertos bastante underground y punk por cierto.
Ojalá y algún día crezcamos tanto hasta que nos jodamos a esos putos de Lucrópolis.
¡Qué mierda! Está hirviendo la calle. ¡Puta madre! Las tapas de las coladeras vuelan. ¡Qué hedor! Huele a azufre. Más vale que me apure.
Ésa es la casa de Malatesta. Ahora sí cabrón, te joderé por todo el tiempo que me quitaste.
La puerta está abierta, hasta parece que me está esperando, sabe que muchos quieren vengarse de él. Pero yo, señores tengo los huevos para hacerlo. Rodrigo El Papa se lo va a chingar y sabroso.
Híjole, ahí viene bajando las escaleras, rechinan de viejas.
Me esconderé detrás de este sillón.
¡No! Se va.
Está arrancando su vieja camioneta. Mejor me apuro.
¡Maldita sea! Se fue. Ni corriendo lo alcanzo.
Un tractor…
Ya vio que lo estoy siguiendo… ¡Qué mierda! Está saliendo por la ventana, me está apuntando con su pistola el cabrón. ¡Ah!.
Nunca me habían dado un disparo. A pesar de mi vida criminal.
Quema. Quema el pecho. Pero la bala me dio en la pierna. Estoy boca abajo. El asfalto arde. Creo que me fracturé la columna, no siento mis piernas… Ahí viene Malatesta, escucho sus pasos bajo la tierra. Escucho lamentos bajo la calle ¿Lamentos? Escucho la pistola de Malatesta, está a punto de dispararme. ¿Pero qué son esos lamentos? ¿Qué es lo que arde debajo?
Tiembla, el suelo se mueve como si lo sacudiera un gigante. Escucho a Malatesta gritar, escucho que cae, escucho como si hubiera caído sobre un lago hirviendo. La carretera se está abriendo. Se parte a la mitad. No puedo sujetarme de nada, estoy yéndome al abismo, yo también caigo, el olor a azufre entra hasta mi cerebro, siento que va a estallar.
Ahora ardo en un lago de fuego.
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